Rehabilitación en pacientes con Esclerosis Múltiple

Como fisioterapeutas podemos ofrecer al paciente con esclerosis múltiple un entrenamiento para vivir mejor: la rehabilitación.

La rehabilitación es el proceso en el que, mediante la utilización combinada y coordinada de medidas terapéuticas, médicas y sociales; ayudamos a individuos con sus dificultades concretas a conseguir el máximo nivel de funcionalidad. Nos centramos en aumentar la calidad de los movimientos, facilitando, si hace falta, el entorno, para que la calidad de vida no disminuya a pesar de las adversidades. El tratamiento es muy personalizado, ya que no existen pautas generales para todos.

El ejercicio apropiado puede producir mejoras cardíacas, respiratorias, musculares y funcionales. A nivel muscular, según qué tipo de trabajo se realice, se puede conseguir una mayor flexibilidad, más fuerza y potencia muscular, así como más control motor; lo cual permite tener más equilibrio, coordinación y funcionalidad.

Es importante mencionar que muchos pacientes reducen la práctica de cualquier actividad por miedo a que al hacerlo se exacerben los síntomas. Dicha limitación voluntaria, consciente o inconsciente, se convierte en una inactividad que solo conlleva un aumento de sus limitaciones por falta de práctica. Por tanto, están influyendo en su calidad de vida, ya que la capacidad de movimiento empeora. No en todos se va a alcanzar esta inactividad del mismo modo.

Una cosa debe quedar clara: el ejercicio no va a lograr revertir los todos daños causados por la enfermedad, pero sí puede hacer frente a los daños causados por el desacondicionamiento, la falta de práctica. Se ha comprobado que el tratamiento basado en la resistencia genera mejoras a largo plazo en la funcionalidad.

Cuando llega el diagnóstico, hay que reflexionar y ponerse manos a la obra. Lo ideal es alcanzar el máximo nivel físico para que nuestro cuerpo pueda soportar todas las dificultades que vayan a presentarse.

En qué consiste la rehabilitación:

  1. Resistencia: un parámetro de ejercicio a trabajar sería la resistencia.
  • La duración ideal sería en torno a 60 minutos. Puede hacerse un trabajo seguido o separarlo en series de 10-15 minutos.
  • La referencia sería repetirlo, al menos, dos veces a la semana.
  • La resistencia conviene trabajarla con bandas elásticas o la resistencia del propio del cuerpo, para que no sean cargas muy elevadas.
  • Interesa comenzar con grandes músculos y varias articulaciones para acabar con musculatura más pequeña y movimientos en que se implique solamente una articulación.
  • Se ha comprobado que un programa de resistencia progresiva funciona pasado un tiempo de la ejecución de dicho trabajo. Ahora bien, no debe ser lo único, hay combinarlo con otro tipo de trabajo.

2. Fuerza muscular: en cuanto a la fuerza muscular mencionar que se ve más mermada en los miembros inferiores. Así pues, hay que priorizar por el déficit, aunque sin olvidar dar estrategias también a los miembros superiores, para que puedan suplir algunas carencias.

3. Flexibilidad: por otro lado, el trabajo de flexibilidad puede disminuir la espasticidad y prevenir futuras contracturas dolorosas. La poca flexibilidad está ligada a la inactividad, al tener rangos de movimiento limitados e incluso dolorosos. Esta disminución de movimiento genera problemas para mantener buenas posiciones o variarlas., el paciente va sintiendo que cada vez tiene menos amplitud para moverse. Para mantener la flexibilidad o aumentarla hacen falta ejercicios para todo el cuerpo.

  • Con estiramientos suaves y lentos, prolongados, casi un minuto.
  • No debe haber ni dolor ni rebotes.
  • Tanto las articulaciones móviles, como las inmóviles.
  • Debe trabajarse diariamente al menos 10-15 minutos. 

4. Equilibrio: otro aspecto a trabajar es el equilibrio. Cuando una persona empieza a perder el equilibrio ya tiene más riesgo de sufrir una caída. Tener una buena estabilidad nos permite mantener una postura bien erecta sentados, de pie y  en movimiento. Esta buena postura nos predispone a un mejor movimiento, ya que el cuerpo parte correctamente alineado. Muchas veces, la búsqueda de ésta correcta postura lleva a los pacientes a un balanceo constante que les desequilibra.

  • Podemos trabajar el equilibrio en un medio acuático o en seco. Lo importante es variar el punto de gravedad y agilizar la respuesta a señales externas. Disminuir el tiempo de reacción para que dicha reacción sea más eficiente.

5. Trabajo aeróbico: es importante incluirlo en el ejercicio semanal.

  • Para que empecemos a notar el efecto hay que realizarlo al menos dos meses.
  • Según cada paciente, el trabajo será diario o varios días a la semana.
  • La duración del entrenamiento oscilará entre 10 y 40 minutos ya que, en algunos casos, conviene separarlo en 3-4 series de 10 minutos.
  • A ser posible, se seguirá una progresión marcada por la tolerancia del paciente.
  • Un buen trabajo aeróbico es la marcha.

Por último, recalcar que conviene que estos pacientes no convivan con mucho calor. Se ha estudiado que el 80% de los pacientes manifiestan un empeoramiento con temperaturas altas. El ejercicio provoca un sobrecalentamiento en el cuerpo. Así pues, los pacientes con esclerosis múltiple deben trabajar siempre en ambientes frescos, tampoco fríos. Para lograrlo, se puede utilizar ventiladores, aires acondicionados incluso duchas o cold packs. También, recomendar el trabajo en horas tempranas o cercanas a la noche.

Dicho todo esto, debe quedarnos claro que las intervenciones combinadas consiguen una mejora más global. Se controla más la fatiga a la vez que se adquiere equilibrio. Todo ello, se traduce en una mayor funcionalidad para manejarse en el día a día, lo que conlleva una mayor calidad de vida. La clave está en ser constante. Los objetivos hay que marcarlos siempre a corto plazo. De este modo, permiten al paciente sentirse dueños de sí mismos controlando su cuerpo y sus movimientos. Si ven cambios en su día a día, van percibiendo nuestras perspectivas.

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